La Trifora en el concurso Before Beethoven: osadía, energía y astucia
- Feb 22
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Actualitzat: 11 hours ago
[Altea Guevara - València, 22 de febrero de 2026]

El paso de La Trifora por el concurso Before Beethoven en Valencia, en su edición de 2026, fue una experiencia que trascendió la mera muestra de capacidades técnicas y musicales propias de un concurso para convertirse en un diálogo vibrante entre el pasado y el presente, a través de una visita personal y llena de vida a los repertorios medievales de los siglos XIV y XV. Desde su entrada en movimiento al escenario —caminando mientras tocaban y captando de inmediato la atención de los asistentes—, el ensemble demostró una capacidad excepcional para tejer un discurso musical coherente y evocador. Combinaron un recorrido por las obras más emblemáticas del Manuscrit du Roi y el London Manuscript con incursiones en el Codex Faenza de Guillaume de Machaut y momentos de improvisación inspirados en ritmos medievales y mediterráneos. La elección del programa, lejos de ser un simple catálogo de piezas, se reveló como un ejercicio de inteligencia musical: una alternancia audaz entre obras más y menos conocidas, y entre discursos afectivos diversos.
Cabe destacar la exquisita articulación y fraseo de Johanna Unterpertinger en las flautas, que desplegó un amplio abanico de matices y colores aplicados con precisión. Su interpretación demostró un gran dominio de las capacidades tímbricas y comunicativas del instrumento, capaz de transitar desde la delicadeza de un manuscrito iluminado hasta la vitalidad de una danza popular.
Junto a ella, el virtuosismo de Lucas Silva en la percusión aportó una dimensión rítmica que, lejos de ser un mero acompañamiento, se convirtió en el latido del conjunto. Con una gestión sensible de su rol, osciló con un gran sentido de ensemble entre el protagonismo y el soporte, dando brillo a sus compañeras. Sus improvisaciones no solo reflejaron un dominio técnico impecable, sino también una sensibilidad única para conectar el lenguaje medieval con la esencia folclórica mediterránea, mostrando un conocimiento profundo y orgánico de ambos universos sonoros.
Por su parte, la interpretación de Maddalena Bortot a la viella se caracterizó por una afinación impecable y un timbre cálido y redondo. Desde una aparente simplicidad producto de una relación estrecha con el instrumento, sostenía con gracia el empaste del ensemble y, en piezas como el Lamento di Tristano, se convertía en la voz misma de la narración, dialogando con la flauta para transmitir la melancolía y el dramatismo de la época con una intensidad conmovedora.
El equilibrio entre los instrumentistas fue otro de los puntos fuertes de la actuación. La Trifora demostró una complicidad poco común, con un empaste tan preciso que, en ocasiones, resultaba difícil distinguir dónde terminaba un instrumento y comenzaba otro. Esta cohesión permitió explorar una riqueza tímbrica y de articulación que, sin duda, debieron tener las interpretaciones medievales: desde la dulzura de las flautas en Honte, Paur, Doubtance hasta la energía casi folclórica de los ritmos percutidos en la Rotta. La alternancia de texturas —tríos, dúos y solos improvisados— no solo evitó la monotonía, sino que creó un ritmo narrativo que mantuvo al público en un estado de atención constante, como si cada pieza fuera un capítulo de una historia por descubrir.
El diseño del programa merece una mención especial. La Trifora no se limitó a presentar un repertorio; lo reinterpretó, ordenó, agrupó y contextualizó con una inteligencia programática poco habitual en ensembles jóvenes. La elección de obras, que oscilaba entre lo popular y lo más experimental, generó una tensión narrativa que permitió presentar con naturalidad piezas de mayor densidad, como la Istanpitta Isabella. El ensemble no temió enfrentarse a los desafíos de las obras menos conocidas, demostrando una creatividad y originalidad que son, sin duda, el sello de un grupo con personalidad propia.
Sin embargo, en un concierto que brilló por su profundidad musical y su ánimo chispeante, echó en falta una comunicación más didáctica con el público. Aunque el programa estaba cuidadosamente diseñado, una breve introducción a las piezas o al contexto histórico habría enriquecido la experiencia, especialmente para los espectadores menos familiarizados con la música medieval. Asimismo, habría sido interesante explorar mayores contrastes dinámicos en el fraseo y entre secciones u obras. Aunque los cambios de textura ya generaban este efecto, podría haberse intensificado, teniendo en cuenta que la experiencia acústica de los propios músicos en diferentes salas puede afectar estas posibilidades. En algunos momentos, la riqueza en el color se vio algo apagada, especialmente cuando flauta y viella se doblaban durante un tiempo prolongado y con un empaste excesivo, lo que generó puntuales pasajes que se percibieron algo planos desde el patio de butacas.
En definitiva, La Trifora ofreció una propuesta estética original y única, donde la investigación histórica y la libertad interpretativa se fundieron en un discurso musical fresco y joven. Transmiten una energía y entrega que, unidas a su rigor técnico, los convierten en uno de los ensembles emergentes de música medieval más prometedores de la escena actual.
Fotografía de portada: Clara Muñoz
Vídeo: Público disponible en el perfil de Facebook de Before Beethoven, Clara Muñoz.